A veces visionas un
largometraje sobre el que no tenías expectativas creadas y te encuentras una
obra bien acabada y con numerosos puntos fuertes que te sorprende por su
acabado. En este sentido, la película que nos ocupa posee un reparto conocido,
con dos estrellas de calado internacional y una historia basada en un hecho
real que, a primera vista, podría parecer aburrida pero que nos invita a
reflexionar sobre cómo nos comportamos como seres humanos y cuáles son nuestras
prioridades. Es por ello que hoy voy a estar…
Entre
la Razón y la Locura
Ficha técnico-artística:
Título original: The Professor and the Madman.
Año de producción: 2019.
Director: Farhad Safinia.
Producción: Nicolas Chartier, Jayson de Rosner, Zev Foreman, Manu Garci,
Léonard Glowinski, McDara Kelleher, Peter McAleese, Jenny O’Brien, Gastón
Pavlovich, Dominic Rustam, Tyler Zacharia.
Guión: John Boorman, Todd Komarnicki, Farhad
Safinia. Basado en el libro de Simon Winchester.
Fotografía: Kasper Tuxen.
Montaje: Dino Jonsäter.
Música: Bear McCreary.
Reparto: Mel Gibson, Sean Penn,
Eddie Marsan, Natalie Dormer, Jennifer Ehle, Steve Coogan, Stephen Dillane,
Ioan Gruffud, Jeremy Irvine, Laurence Fox, Anthony Andrews.
Género: Drama / Histórica.
Nacionalidad: Irlanda, Francia,
Islandia, Estados Unidos, México, Bélgica, Reino Unido, Hong Kong.
Duración: 124 minutos.
Sinopsis:
Dramatización de los comienzos
en la realización del diccionario de la lengua inglesa de la Universidad de
Oxford. El profesor James Murray comienza a trabajar en la recopilación de las
palabras para la primera edición del diccionario de inglés de Oxford a mediados
del siglo XIX y recibe más de 10000 entradas de un paciente del Broadmoor
Criminal Lunatic Asylum, el doctor William Minor.
Trailer de The Professor and the Madman (2019).
Comentario:
Lo primero que debo decir es
que no soy (y nunca he sido) un fan de Mel Gibson, la mayoría de sus películas
y actuaciones me han dejado indiferente. En consecuencia, lo consideraba un
actor con una limitada capacidad para expresar emociones… tras ver este film me
he dado cuenta de lo equivocado que estaba. En este largometraje interpreta a
un profesor escocés de origen humilde y una fuerte vocación por la filología y
el actor ofrece una caracterización impecable del personaje: fuerte, humilde,
culto, considerado, sensible y respetuoso, pero también tenaz y obstinado.
Sean Penn
caracterizado como William Chester Minor (The Professor and the Madman, 2019).
De hecho, este film está construido
entorno a dos actores en estado de gracia, por una parte, el ya mencionado
Gibson y, por otra, Sean Penn en el papel de un capitán del ejército americano
con problemas de esquizofrenia y una gran cultura. Penn ofrece también una
excelente interpretación, eso sí, menos comedida que la de su compañero de
reparto. Así, algunas secuencias muestran al personaje de Penn lidiando con su
imaginación y parece que, en estas, el actor sobreactúa, aunque en muchos
casos, esto beneficia el desarrollo del film. Sin embargo, no hay nada que
objetar a una solvente interpretación que muestra una amplísima gama de
emociones y que, supongo, ha debido causar un gran cansancio emocional al actor
norteamericano.
Mel Gibson
y Sean Penn caracterizados (The Professor and the Madman, 2019).
Sean Penn en
plena concentración (The Professor and the Madman, 2019).
El resto del reparto está a un
altísimo nivel: Eddie Marsan como el funcionario de prisiones que ayuda a Penn
en sus acercamientos a la viuda del hombre que ha asesinado; Natalie Dormer
como la viuda desconsolada que odia a Penn pero que, finalmente, acaba por
amarle; Jennifer Ehle como la esposa de Gibson que se muestra fuerte en su
apoyo al marido en su tarea hercúlea de preparar un diccionario y que puede
ocasionar un distanciamiento en la pareja; Steve Coogan como el único amigo
verdadero que tiene Gibson entre los altos cargos de la Universidad de Oxford y
el único que cree en su capacidad para llevar a cabo la tarea; Stephen Dillane
como el doctor del internado psiquiátrico y que más que ayudar pretende
utilizar al personaje interpretado por Penn para sus experimentos, etc.
Jennifer
Ehle como la esposa del professor Murray (The Professor and the Madman, 2019).
Otros aspectos a destacar en
este film son la cuidad ambientación y el diseño de producción, en donde se
puede apreciar la detallada investigación que se ha realizado sobre las
costumbres de la época a reflejar en el largometraje y la cinematografía que se
muestra oscura y triste cuando el personaje de Penn recuerda su pasado, y
colorista y grandiosa cuando se muestra la alta aristocracia universitaria. No
podemos olvidarnos del ritmo adecuado de este relato y del firme pulso narrativo
que el director ha imprimido a la historia.
Steve
Coogan y Mel Gibson caracterizados (The Professor and the Madman, 2019).
A pesar de ello, como todo
largometraje, algunos puntos débiles son inevitables. En este caso, se aprecia
una tendencia hacia el sentimentalismo y el melodrama en algunas secuencias.
Asimismo, en ciertas escenas, los actores tienden a sobreactuar; si bien, esto
puede ser valorado positivamente en el conjunto del largometraje ya que le
otorga viveza.
Entrevista para conseguir el puesto de editor del diccionario (The Professor and the Madman, 2019).
En resumen, a nivel técnico el
film destaca por el cuidado diseño de producción y el vestuario, además de una lograda
fotografía; sin embargo, lo que destaca son las apasionadas interpretaciones de
todos los integrantes del reparto. Desde mi punto de vista, en IMDB (https://www.imdb.com/title/tt5932728/?ref_=fn_al_tt_1)
no han conseguido reflejar la calidad del largometraje con una buena
puntuación, 7.3/10 puntos (votos de 32153 usuarios de esta base de datos)… yo
voy a ser más generoso ya que no siempre se puede ver un “tour de force” entre
dos actores en estado de gracia.
Tras la última serie de entradas sobre
películas más o menos clásicas, me gustaría volver a la idea de partida de este
blog comentando un film que, quizá, sea menos conocido por el gran público a
pesar de poseer un estatus de cine de calidad y prestigio internacional. Hoy
voy a hablar de una película que es considerada como la mejor del cine polaco y
que posee muchos elementos que la hacen sumamente interesante. ¿Preparados para
la búsqueda de...
La Tierra Prometida
Ficha técnico-artística:
Título original: Ziemia Obiecana.
Año de
producción: 1975.
Director: Andrzej Wajda.
Producción:Tadeusz Kosarewicz.
Guión: Andrzej Wajda (basado en la novella de
Wladyslaw Stanislaw Reymont).
Fotografía:
Waclaw Dybowski, Edward Klosinski, Witold Sobocinski.
Montaje: Zofia Dwonik, Halina Prugar.
Música: Wojciech Kilar.
Reparto: Daniel Olbrychski, Wojciech
Pszoniak, Andrzej Seweryn, Anna Nehrebecka, Franciszek Pieczka, Bozena Dykiel,
Kalina Jedrusik, Andrzej Szalawski, Jadwiga Andrzejewska.
Género: Drama
social / Político.
Nacionalidad:
Polonia.
Duración: 139
minutos.
Sinopsis:
Un pueblo polaco crece
en poco tiempo hasta convertirse en uno de los mayores centros textiles. Las
condiciones de los trabajadores son muy inseguras y el capitalismo se muestra
en su versión más cruda y despiadada. En este contexto, tres amigos (un polaco,
un judío y un alemán) juntan su capital para montar una fábrica. La película
muestra su búsqueda de la fortuna desprovista de cualquier escrúpulo.
Contrastes económicos y de clases sociales (Ziemia
Obiecana, 1975).
Comentario:
El cine polaco
vivió una época de gran esplendor artístico a través de los trabajos de
directores como Roman Polanski o Krzysztof Kieslowski que le proporcionaron un
soplo de aire fresco al cine europeo y que, más adelante, desarrollarían sus
trabajos en Reino Unido, Estados Unidos y Francia, escapando del régimen
político comunista imperante en su país. Sin embargo, su cine bebe en muchos
sentidos del gran Andrzej Wajda, que sentó unas bases estilísticas mediante sus
trabajos de los años 50 del siglo pasado como Kanal (1957) o Cenizas y
Diamantes (Popiól i Diament, 1958), que fueron aclamados por crítica y público
en reconocidos festivales internacionales. Si bien, después de estos éxitos, el
maestro polaco pasó unos años en los que espació más sus trabajos.
A mediados de la
década de los 70, Wajda volvió a la carga con el largometraje que nos ocupa hoy
y que es considerado, por buena parte de la crítica, como la mejor película de
la historia del cine polaco. Quizá esto sea mucho decir, pero desde el comienzo
del film podemos apreciar que estamos frente a una obra magna y de gran envergadura.
La historia se
basa en una de las novelas menos conocidas del premio Nóbel polaco Wladyslaw
Stanislaw Reymont (https://es.wikipedia.org/wiki/W%C5%82adys%C5%82aw_Reymont),
que narra el comienzo y auge del capitalismo en su país así como la
deshumanización provocada por el ansia de riqueza y poder. El propio Wajda se encargó
de adaptar la novela a la pantalla, a pesar de que él mismo indicaba que se
trata de un libro aburrido pero que versaba sobre un tema de extraordinario
interés para él... algo que se nota en el cuidado por el detalle y la
planificación de los decorados.
Los tres amigos celebrando el poder montar una fábrica
(Ziemia Obiecana, 1975).
De hecho, un
importante punto a favor de este largometraje (y tan largo, pues en su versión
original tenía una duración de 179 minutos, que se han visto reducidos a 139 en
su reedición) es el empleo de localizaciones reales en Lodtz, el pueblo donde se
desarrolla la historia que narra el film. En el momento del rodaje, la
arquitectura de este pueblo no había cambiado mucho y se conservaba una buena
cantidad de fábricas y edificios de la época recreada, que permitieron otorgar
a la película una sensación de realismo que se ve acentuada por la cuidadosa
puesta en escena y el esmero puesto en el vestuario de los actores y, en
general, en todo el diseño de producción.
Además, el empleo
de grandes angulares permite reforzar la sensación de grandeza, por llamarlo de
alguna manera, y la de vacío, puesto que se dejan grandes espacios libres en
los planos y se deforman las dimensiones de los mismos. Al principio puede que
nos choque este hecho un tanto antinatural pero, creedme, el aspecto visual de
la película es increíblemente bueno y está muy logrado, además de enganchar
desde el comienzo. Si combinamos esto con un excelente dominio del movimiento
de cámara (uso de grúas, zooms, travellings...) y de la posición en la que esta
se coloca para distanciarnos de lo que sucede dentro del plano o acercarnos a
los personajes, nos tendremos que rendir a la maestría y el control del medio
fílmico que posee el genio polaco.
Los mismos personajes convertidos en nuevos magnates (Ziemia Obiecana,
1975).
Por ejemplo, en
la secuencia en la que el personaje principal (excelentemente interpretado por
Daniel Olbrychski) se dedica a supervisar el trabajo en la fábrica, tenemos un
resumen de lo comentado hasta el momento: un travelling de seguimiento en
ligero contrapicado, que nos permite apreciar la arquitectura de la fábrica
mientras seguimos al personaje, en el interior se continúa el travelling pero a
la altura del pecho del personaje aproximadamente, se combinan las posiciones
de cámara en planos y contraplanos a lo largo del travelling, etc., esto nos
permite observar las duras e infrahumanas condiciones laborales que soportan
los obreros dentro de la fábrica y la deshumanización del personaje principal,
así como la importancia del color en esta película. Otra breve secuencia nos
permite apreciar el cuidadoso detalle de la decoración y el mimo observado en
la puesta en escena, así como nos sugiere la falta de escrúpulos del personaje
principal que no duda en que “el fin justifica los medios”.
Interesante secuencia con grandes hallazgos técnicos (Ziemia Obiecana, 1975).
Excelentes decorados y ambientación (Ziemia Obiecana, 1975).
Siguiendo con
otros aspectos técnicos, la fotografía e iluminación son fantásticas y aportan
profundidad a las escenas. El montaje, también excelente, crea un ritmo
narrativo que no agobia ni por su rapidez ni por su lentitud, lo que es muy de
agradecer en una película de semejante duración. El guión no es nada
condescendiente si no que es duro, sin compasión; si bien tiende a tomar
partido por las clases oprimidas (no olvidemos de que se trata de un drama
social), nos las muestra también con muchos defectos por lo que no nos permite
simpatizar completamente con ellos. Además, el guión nos muestra cómo el ansia
de poder y de riqueza elimina, prácticamente, todo rasgo de humanidad en los
personajes y, finalmente, todos ellos son negativos, a excepción de la prima
del protagonista (muy bien interpretada por la bella Anna Nehrebecka).
En el materialismo reinante también podemos encontrar
algún idealista (Ziemia Obiecana, 1975).
No podemos
olvidar el estupendo trabajo de todos los actores y, en especial, del trío
protagonista: Daniel Olbrychski, Wojciech Pszoniak y Andrzej Seweryn. Los dos
primeros realizan, incluso, un guiño directo a la cámara en dos momentos
puntuales del film y que, por una parte, nos distancian de lo narrado pues los
actores se dirigen directamente a nosotros, los espectadores, y, por otra
parte, nos hacen cómplices de su increíble interpretación (por ejemplo, a 1
hora y 50 minutos de duración, tenemos un guiño de Wojciech Pszoniak).
El film fue nominado
a los Óscar como mejor película de habla no inglesa pero no consiguió hacerse
con la estatuilla... y es que competía, nada más y nada menos que, con Dersu
Uzala (1975) del maestro japonés Akira Kurosawa. Sin embargo, se llevó el
premio a la mejor dirección en el Festival Internacional de Cine de Moscú, la
Espiga de Oro en el Festival de Valladolid, y ganó cuatro premios en Festival
de Cine Polaco (mejor actor para Wojciech Pszoniak, mejor diseño de producción,
mejor banda sonora y mejor película).
En resumen, La
Tierra Prometida (también conocida como La Tierra de la gran promesa) ofrece
una visión despiadada del capitalismo y de la explotación del trabajador así
como de la falta de escrúpulos en gente con ansias de riqueza y poder. Todo
ello narrado de una manera excelente y con un aspecto visual muy atractivo. En
IMDB (http://www.imdb.com/title/tt0072446/?ref_=nv_sr_2)
la valoran con un 8.0/10 tras la votación de 2221 usuarios de esta base de
datos. Afortunadamente, podemos gozar de este largometraje en su versión
original a través de YouTube.
Una de mis debilidades se puede afirmar que
son las películas del oeste o “western”. Hoy vamos a comentar una que no entra
exactamente dentro de esa categoría pero que guarda mucha relación con ellas. A
su director siempre se le ha acusado de tergiversar la historia y de emplear excesivamente
el “cartón piedra”. Muchas de estas críticas se deben a sus ideas políticas
reaccionarias pero, si tan solo nos fijamos en su cine, podremos observar que
Cecil B. DeMille domina el medio como pocos y, si bien es cierto que antepone
el espectáculo a la veracidad de los hechos, no lo es menos que esto, para
otros directores, nunca ha sido motivo de crítica. La película de hoy es
considerada por muchos como una de sus mejores obras, se trata de...
Los Inconquistables
Ficha técnico-artística:
Título original: Unconquered.
Año de
producción: 1947.
Director: Cecil B. DeMille.
Producción: Cecil B. DeMille.
Guión: Charles Bennett, Fredric M. Frank,
Jess Lasky Jr. (basado en la novela de Neil H. Swanson).
Fotografía: Ray
Rennahay.
Montaje: Anne Bancher.
Música: Victor Young.
Reparto: Gary Cooper, Paulette Goddard, Howard Da Silva, Boris Karloff,
Cecil Kellaway, Ward Bond, Virginia Campbell, Hery Wilcoxon.
Género: Aventuras
/ Western / Histórica.
Nacionalidad:
Estados Unidos.
Duración: 142
minutos.
Sinopsis:
Ambientada en
1763, en el marco de las revueltas indicas en los días de la colonización
norteamericana, una joven inglesa es convertida en esclava y deportada a las
colonias, pero es salvada por el capitán Holden. Cuando éste se ausenta, un
comerciante la esclaviza de nuevo. A partir de aquí se suceden las aventuras de
este singular trío amoroso.
Película completa (Unconquered, 1947).
Comentario:
El propio DeMille
confesó que seguía una fórmula para sus films históricos: “contar una
apasionante peripecia personal sobre el telón de fondo de grandes sucesos
históricos. La intriga confiere a estos sucesos un sentido más vivo que el que
pueden encontrar los espectadores en los manuales de Historia” (“Présénce du cinema”,
nº 24-25, otoño 1967). Esta afirmación se corresponde perfectamente con lo que
podemos ver en Los Inconquistables.
Gary Cooper y Paulette Goddard, atractiva pareja protagonista (Unconquered,
1947).
Este largometraje
se gestó a partir del interés creciente de DeMille por retratar el nacimiento
de Estados Unidos como nación. Si bien se tiende a asociar a este realizador
con el “cartón piedra” y un deliberado falseamiento histórico (al igual que al
cine norteamericano, en general), esta idea no es totalmente exacta. De hecho,
el título que nos ocupa hoy prueba, prácticamente, todo lo contrario. Para
realizar Los Inconquistables se llevó a cabo una concienzuda labor de casi un
par de años de preproducción, consistente en profundas investigaciones sobre el
modo de vida y costumbres de la época que se retrata en la película, utensilios
y vestimentas utilizados por los indios del noreste de América, estudio de
crónicas escritas en la época, consultas en museos y asesoramiento por
especialistas… aunque esto no evita que el autor se tomase unas cuantas licencias
en pro de la efectividad cinematográfica (por ejemplo, le persecución a caballo
es completamente imposible ya que los indios de esa zona no empleaban equinos;
una de las tribus indias que se menciona en el largometraje no participó en las
revueltas que ponen trasfondo a la historia narrada…). Por el contrario, el
vestuario y el lenguaje indio fueron elementos mimados con esmero (incluso
Karloff tuvo que aprender a pronunciar el dialecto indio).
Gary Cooper como el capitán Chris Holden (Unconquered, 1947).
Boris Karloff como el jefe indio Guyasuta (Unconquered, 1947).
De todos modos,
si las adaptaciones cinematográficas de novelas, obras de teatro o musicales no
tienen que seguir al pie de la letra a sus respectivos originales, ¿por qué
razón debe tratarse la Historia de manera diferente? De hecho, muchas veces la
Historia es confusa e interpretable, además de variable según las fuentes que
se consulten. Con esto pretendo decir que, al fin y al cabo, estamos ante un
largometraje y no ante una lección de Historia. Por si fuera poco, este
largometraje se basa en una novela que, a su vez, tomaba como punto de partida un
documento histórico cuyo contenido se puede leer en Wikipedia (https://es.wikipedia.org/wiki/Los_inconquistables).
Fotograma de la escena del juicio (Unconquered, 1947).
Los
Inconquistables fue el último “western” que rodó DeMille y resume las
aportaciones de este autor al género. Por ejemplo, la meticulosa puesta en
escena, con muchos elementos, lo que otorga densidad y demuestra el estilo y
talento artístico de DeMille. Sin embargo, se observa cierta tendencia a
recargar excesivamente los encuadres. Otro aspecto a destacar es el interesante
uso del color y de los objetos, que hacen avanzar la acción en algunas
secuencias.
Cecil B. DeMille supervisando material.
Los personajes
presentan contradicciones, lo que los hace más creíbles y permite que sus actos
sean los que sustenten el relato. En este sentido, la atractiva pareja
protagonista (Gary Cooper y Paulette Goddard) hace una buena labor
interpretativa, contrapunteada por la presencia de Howard Da Silva como el
personaje negativo. Sin embargo, se puede decir que son los actores secundarios
los que verdaderamente dan vida a la película.
Quizá no estemos
de acuerdo con los fundamentos ideológicos planteados en esta película
(falseamiento de hechos e ideales que determinaron la expansión americana hacia
el Oeste, con fiebre depredadora) pero la película no engaña a nadie y destaca
por su enorme fuerza plástica. Una de las secuencias más espectaculares es el
asedio a Fort Pitt y la posterior batalla, que costó meses de preparación y
cientos de miles de dólares. En el vídeo podréis ver como destaca el decorado
de la fortaleza, construido con detalle, el elevado número de figurantes que
participan (representando todo tipo de personajes: indios, milicianos,
tramperos, esclavos…), el “travelling” lateral, etc.
El asedio a Fort Pitt (Unconquered, 1947).
En resumen, Los
Inconquistables es una entretenida película con una atractiva pareja
protagonista y un regusto al Hollywood clásico, dejando de lado algunas
inconsistencias históricas y algunos ideales desfasados, se trata de un trabajo
bien llevado de principio a fin. En IMDB (http://www.imdb.com/title/tt0039931/?ref_=nv_sr_1)
la valoran con un 7.2/10 tras la votación de tan solo 14111 usuarios de esta
base de datos.
Actualmente las secuencias
espectaculares en las que participan numerosos extras tienden a solucionarse
mediante ordenador con lo que se abaratan costes y se reducen riesgos, pero en
los años 60 esa tecnología no estaba disponible y había que recurrir a
contratar a grupos numerosos de personas para acometer estas empresas, lo que
suponía una gran labor de coordinación y logística, con unos costes (tanto
económicos como en tiempo de rodaje) muy importantes. Sin embargo, hay films
donde estas inconveniencias merecen la pena por el resultado final, como el largometraje
que nos va a ocupar hoy (así como algún otro sobre el que tratamos con
anterioridad). Se hace difícil hablar de un clásico y de un excelente director,
pero hoy vamos a tratar de desentrañar brevemente la epopeya de...
Lawrence de Arabia
Ficha técnico-artística:
Título original: Lawrence of Arabia.
Año de
producción: 1962.
Director: David Lean.
Producción: Sam Spiegel, David Lean.
Guión: Robert Bolt, Michael Wilson, basado en
los escritos de T.E. Lawrence.
Fotografía:
Freddie Young.
Montaje: Anne V. Coates.
Música: Maurice Jarre.
Reparto: Peter O’Toole, Alec Guinness, Anthony Quinn, Jack Hawkins, Omar
Sharif, José Ferrer, Anthony Quayle, Claude Rains, Arthur Kennedy.
Género: Aventuras
/ Bélica / Biografía / Drama / Histórica.
Nacionalidad:
Reino Unido / Estados Unidos.
Duración: 219
minutos.
Sinopsis:
Se narra la
historia de T.E. Lawrence, oficial británico que unificó y lideró a las
diversas tribus árabes (a menudo en guerras entre si) durante la I Guerra
Mundial para combatir a los turcos. Debido a sus conocimientos sobre las tribus
beduinas, el teniente británico T.E. Lawrence es enviado a Arabia para
encontrar al príncipe Faisal y servir de enlace entre los árabes y los
británicos en su guerra contra los turcos. Con la ayuda del nativo Sherif Ali,
Lawrence se rebela contra las órdenes de sus superiores y comienza un osado
viaje a camello a través del desierto para atacar un puerto turco celosamente
custodiado.
Trailer de la película (Lawrence of Arabia, 1962).
Comentario:
Se me hace
difícil comentar una película como Lawrence de Arabia por el simple hecho de
que ya hay kilómetros de papel y muchos bytes dedicados a ella, por lo que
contar algo nuevo es prácticamente imposible. Aún así, lo voy a intentar
aunque, probablemente, no aporte nada nuevo además de mi opinión personal sobre
esta obra que muchos sitúan entre las mejores películas de todos los tiempos...
lo que tiene una razón de ser, claro está.
De hecho,
numerosos factores se juntaron para dar forma de película a esta historia y,
muchos de ellos, prometían lo mejor desde el primer momento. Por ejemplo, el
dúo productor-director, Spiegel y Lean, estaba acostumbrado a producciones de
este calado como lo demuestra su anterior colaboración: El Puente sobre el Río
Kwai (The Bridge on the River Kwai, 1958) que habían estrenado cuatro años
antes. Sin ir más lejos, el público demandaba un nuevo largometraje del
aclamado director británico, que supo ofrecer una nueva epopeya fílmica de
grandiosas proporciones. Para ello contó con la ayuda de un productor como
Spiegel, con quien ya había trabajado, y que confiaba plenamente en la
capacidad y habilidad de Lean para afrontar el reto de llevar a la pantalla la
historia de T.E. Lawrence, más conocido como Lawrence de Arabia.
Excelentes encuadres (Lawrence of Arabia, 1962).
Entrando más en
detalle en el análisis del film, lo primero que llama la atención es la
espectacularidad de la planificación y la puesta en escena, que se ve acentuada
por una soberbia fotografía que realza, de manera muy lograda, la belleza de
las localizaciones y sus coloridos. En este sentido, la labor del responsable
de este aspecto técnico, Freddie Young, es más que encomiable (y más teniendo
en cuenta a las temperaturas a las que se llegó a trabajar); como también lo es
el hecho de que gran parte de las secuencias de exteriores se rodaron en los
mismos lugares en los que sucedieron realmente, el desierto de Jordania, aunque
se permitieron la libertad de rodar algunas secuencias en el sur de España (el
ataque a Aqaba se rodó en una bahía almeriense y las secuencias en el cuartel
británico fueron rodadas en Sevilla). Conviene aclarar que el gobierno jordano
y sus habitantes facilitaron en gran medida la labor del equipo de producción.
Con todo, no es de extrañar que se necesitaran muchos meses para rodar esta
historia.
El paisaje es un elemento muy importante en el
film (Lawrence of Arabia, 1962).
Llegados a este
punto, parece lógico que el largometraje tenga una duración cercana a las
cuatro horas, ¿verdad? A pesar de ello, el montaje contribuye a que el ritmo
narrativo no decaiga en muchos momentos en los que la acción se ralentiza... y
es que esto no es Indiana Jones pero estoy seguro de que Spielberg tomó buena
nota de los hallazgos de Lean en esta película para crear a su conocido
arqueólogo. Volviendo al pulso narrativo de Lawrence de Arabia (disculpad pero
tiendo a divagar...), la película tiene algunos altibajos pero es algo normal
en cintas de esta duración.
Introducción del personaje de Omar Sharif en Lawrence de Arabia (Lawrence of Arabia, 1962).
Siguiendo con el
montaje, a modo de ejemplo, cuando se le asigna la misión al personaje de
Lawrence, hacia el inicio del film, se produce un excelente corte con cambio de
plano cuando el personaje principal apaga una cerilla e, inmediatamente,
pasamos a ver un amanecer en el desierto; el único adjetivo que se me ocurre es
“majestuoso”. De hecho, es una yuxtaposición de imágenes de gran belleza y que
se presta a múltiples interpretaciones ya que sugiere un gran número de cosas,
por ejemplo, el final de una etapa y el comienzo de otra dentro de la epopeya
vital de Lawrence. En la pantalla de un ordenador pierde mucho, pero lo podéis
disfrutar en este vídeo. Como curiosidad, deciros que este estilo de montaje de
corte directo (no muy habitual en el cine de Hollywood de la época) se lo
sugirió la montadora, Anne V. Coates, al propio Lean tras visionar varios
largometrajes de la Nouvelle Vague francesa.
Inicio de la misión (Lawrence of Arabia, 1962).
En cuanto a la
dirección, es una gozada, David Lean es un maestro: domina las escenas
intimistas y dramáticas, las de batalla, el encuadre, se aprovecha del paisaje
para emplearlo como un personaje más, resalta los colores (juega con los
opuestos)… todo muy hábilmente hilvanado.
Ataque a Aquaba (Lawrence of Arabia, 1962).
Otro gran acierto
es el casting, a pesar de que vemos al gran actor británico Alec Guinness como
un príncipe árabe, lo que le resta credibilidad al film aunque Sir Guinness
borda su personaje. Los, por aquel entonces, desconocidos Peter O’Toole y Omar
Sharif alcanzaron el estrellato mundial con su participación en esta película y
es que, el actor irlandés tenía fama teatral pero no había protagonizado ningún
largometraje hasta Lawrence de Arabia y sabe dotar de profundidad a un
personaje complejo y que demanda mucho tanto a nivel físico como psicológico.
Por otra parte, el actor egipcio, Sharif, era una estrella en Oriente Medio
pero un desconocido para el público occidental hasta su participación en
Lawrence de Arabia y en la que ya muestra la fuerza expresiva de su mirada y un
buen control del lenguaje corporal. Junto a estos tres actores, destaca la
presencia de la “requerida” estrella norteamericana, en este caso Anthony
Quinn, quien interpreta a Auda Abu Tayi, un líder de una gran banda de
forajidos beduinos. Su aproximación al personaje es, a la vez, amenazante y explosiva;
gran interpretación por parte del actor mexicano. Ni que decir tiene que la
presencia de dos actorazos británicos de la talla de Jack Hawkins (como el
general Allenby) y Claude Rains (como el diplomático Dryden) refuerza un
excelente reparto y, de hecho, Rains se apropia de todas las escenas en las que
aparece sin necesidad de realizar ningún alarde singular. Completan el
extraordinario reparto principal Anthony Quayle y José Ferrer. Como
curiosidades, el papel principal fue ofrecido a Marlon Brando quien no aceptó
y, curiosamente (ya que es bastante gracioso) el equipo de producción no quería
que un árabe interpretase el papel que finalmente sería para Sharif y se
propuso al alemán Horst Buchholz, lo que no deja de ser un poco estrambótico.
Peter O’Toole, Anthony Quinn y Omar Sharif en Lawrence de Arabia (Lawrence
of Arabia, 1962).
Jack Hawkins como
el general Allenby (Lawrence of Arabia, 1962).
Alec Guinnes y David Lean preparándose para el rodaje (Lawrence of Arabia,
1962).
Claude Rains como
Dryden (Lawrence of Arabia, 1962).
José Ferrer caracterizado como oficial turco (Lawrence of Arabia, 1962).
Alec Guinness y
Arthur Kennedy en Lawrence de Arabia (Lawrence of Arabia, 1962).
O'Toole y Sharif (Lawrence of Arabia, 1962).
Ya hemos hablado
de la fotografía espectacular, de las excelentes interpretaciones, de la
dirección milimetrada, nos falta decir que la música de Maurice Jarre es muy
sugerente, con muchas reminiscencias árabes y encaja a la perfección con las
imágenes del desierto. Otro gran acierto.
Bueno, estaréis
pensando, algún fallo tendrá que tener (además de la elección de Guinness como
el príncipe Faisal, no porque el actor lo haga mal, que no es así, si no porque
uno no acaba de ver al personaje si no al actor) y, efectivamente, lo hay… el
guión de Robert Bolt, basado en el libro Los Siete Pilares de la Sabiduría (The
Seven Pillars of Wisdom) del propio T.E. Lawrence, es lento y ofrece una visión
muy reducida de la vida interna del aventurero. Además, contiene varios fallos
históricos (https://www.youtube.com/watch?v=R9scZDbKxtY),
si bien ya se sabe que en Hollywood predomina el espectáculo sobre la veracidad
histórica. Por el contrario, en su favor debemos decir que el guión no toma
partido por la figura de Lawrence, tal y como suele suceder en los biopics.
Peter O'Toole como un abatido y cansado Lawrence (Lawrence of Arabia, 1962).
En total, esta
película fue premiada con 7 Óscar: mejor película, mejor director, mejor
fotografía, mejor montaje, mejor dirección artística, mejor sonido y mejor banda
sonora. Además, ganó varios premios BAFTA, globos de oro, entre otros
reconocimientos.
Bellísima labor de cámara (Lawrence of Arabia, 1962).
Aunque el film
dura casi 4 horas, no aburre en ningún momento, gracias a la formidable
interpretación y a la bellísima labor de la cámara. En resumen, Lawrence de
Arabia, a pesar de su duración, es una película entretenida, de una factura
formal de primera categoría, con buenas interpretaciones, un rodaje en
exteriores de gran belleza, una música evocadora... como ya he dicho, es
difícil encontrarle defectos. En IMDB (http://www.imdb.com/title/tt0080749/?ref_=fn_al_tt_2)
la valoran con un 8.3/10 tras la votación de 200719 usuarios de esta base de
datos (lo que la sitúa entre las 250 mejor valoradas, concretamente en el
puesto 82). Para muchos es la mejor producción de su director, y no les falta
razón, pero un realizador capaz de dejarnos trabajos como Breve Encuentro
(Brief Encounter, 1948), El Puente sobre el Río Kwai (The Bridge on the River
Kwai, 1958) o Doctor Zhivago (1965), entre otros, tiene títulos para todos los
gustos. A mí, personalmente, me gusta más la poética e intimista Breve
Encuentro, pero está claro que Lawrence de Arabia es, por derecho propio, uno
de los grandes títulos de la Historia del Cine.
Esta temporada se
me ha dado por ver películas épicas, superproducciones de larga duración y
rodadas con amplia disponibilidad de medios. No sé por qué razón ha sido así.
El caso es que he podido disfrutar de títulos que desconocía, como esta obra
que os presento hoy y que supuso el Óscar a la mejor dirección para Warren
Beatty. Viendo el panorama político actual, parece bastante razonable hablar
de…
Rojos
Ficha técnico-artística:
Título original: Reds.
Año de producción:
1981.
Director: Warren Beatty.
Producción: Dede Allen, Warren Beatty, David Leigh MacLeod, Simon Relph.
Guión: Warren Beatty, Trevor Griffiths
Fotografía:
Vittorio Storaro.
Montaje: Dede Allen y Craig McKay.
Música: Stephen Sondheim.
Reparto: Warren Beatty, Diane Keaton, Edward
Herrmann, Jerzy Kosinski, Jack Nicholson, Maureen Stapleton, Paul Sorvino,
Nicolas Coster, M. Emmet Walsh.
Género: Drama /
Histórica / Biopic.
Nacionalidad:
Estados Unidos.
Duración: 188
minutos.
Sinopsis:
Un periodista
radical estadounidense se ve envuelto en la revolución rusa a principios del
siglo XX y espera que ese espíritu e idealismo calen en los Estados Unidos. A
medida que transcurre la acción, su desencanto y desilusión se van haciendo
patentes debido a las vicisitudes que se encuentra. En este proceso, se muestra
también la evolución de la relación con su pareja y grupo de amigos
intelectuales.
Trailer de la película (Reds, 1981).
Comentario:
Este largometraje
está basado en la vida de John Reed, un periodista norteamericano de ideales
comunistas (https://es.wikipedia.org/wiki/John_Reed),
cuyas obras (especialmente “Diez días que estremecieron al mundo”) inspiraron
al actor/director Warren Beatty a relatarnos esta historia de amor e idealismo
con un trasfondo histórico. Como apunte curioso, el estudio que la produjo,
Paramount, había sido adquirido por una gran empresa capitalista, la Gulf +
Western, lo que supone un dato un tanto irónico, ¿no os parece?
En cualquier
caso, el film cuenta con innumerables aciertos de los que me gustaría destacar
unos pocos. Comenzaré por lo fácil, o cuantificable... la película recibió 12
nominaciones a los premios de la Academia (los conocidos Óscar), siendo la
película que más nominaciones recibía en 15 años, y obteniendo 3 de ellos
(Mejor Director, Mejor Actriz de Reparto y Mejor Fotografía) a los cuales me
referiré más adelante. Vamos por partes...
El guión se
trabajó a partir de unas ideas que le interesaban a Beatty ya que había leído
las obras de John Reed (entre ellas el hecho de que la formación de una
“izquierda” americana nunca se había rodado) y se sentía fascinado por ellas,
por lo que deseaba llevarlas a la pantalla. Durante años barajó esta
posibilidad y dio forma a un guión preliminar que consiguió financiar a través
de su relación con los ejecutivos de Paramount tras haber rodado “El cielo
puede esperar” (Heaven can wait, 1978; http://www.imdb.com/title/tt0077663/?ref_=nv_sr_1).
Una vez que estos aceptaron su propuesta, pulió el borrador del guión con la
ayuda de Trevor Griffiths y se centró en la relación entre John Reed y Louise
Bryant como hilo conductor del film.
Warren Beatty y
Diane Keaton como John Reed y Louise Bryant (Reds, 1981).
Un aspecto de
gran importancia cuando se relatan hechos históricos (como la Revolución Rusa,
en este caso) es la enorme labor de investigación, previa a la filmación, que
debe llevar a cabo el equipo de producción para que todo resulte creíble en la
pantalla. En este largometraje, se necesitaron varios meses y muchos
profesionales para acometer semejante tarea y he de decir que, desde mi modesto
punto de vista, lo lograron con creces. Además, la búsqueda de localizaciones
es un aspecto dentro de esta labor de producción y, en el caso de esta
película, se rodó en numerosas localidades de Estados Unidos, Reino Unido,
Noruega, Finlandia y España... que, junto con la gran cantidad de extras (y su
caracterización: vestuario, maquillaje...), nos da una ligera idea del
presupuesto empleado para la filmación. No me quiero ni imaginar la de millones
de dólares que se habrán gastado, pero sigue siendo irónico que un film sobre
ideales comunistas necesite de una maquinaria capitalista tan potente para su
puesta en escena.
Escena del juicio (Reds, 1981).
Dicho esto, creo
de recibo alabar la labor de dirección de Warren Beatty en esas secuencias en
las que intervienen numerosos extras y en las que domina por completo el
espacio en el que se desarrolla la acción sin agobiarnos con demasiados
movimientos de cámara y apoyándose sabiamente en la labor de montaje de Dede
Allen y Craig McKay. Un gran acierto que creo que ayudó a que Beatty recibiese
el premio a la mejor dirección. Como ejemplo de estas secuencias con numerosos
extras podemos citar la escena de la llegada del tren a la estación.
Escena de la llegada del tren (Reds, 1981).
Otro aspecto
destacable de este largometraje es el reparto, que se ajusta a la perfección a
los personajes y que cuenta con nombres de la talla de Diane Keaton (excelente,
muy expresiva, a la vez fuerte y frágil), Jack Nicholson (genial, a pesar de
estar comedido para lo que en él es habitual), Edward Herrmann, Paul Sorvino y
Maureen Stapleton (Óscar a la mejor actriz de reparto por su interpretación sin
fisuras de una activista política amiga de John Reed). Además, es curioso el
cameo que realiza Gene Hackman en un par de escenas y que es capaz de robar el
protagonismo al mismísimo Warren Beatty, que interpreta con convicción a John
Reed. A este respecto, es también necesario recalcar el excelente trabajo de
dirección de actores, que se puede ejemplificar en la escena de la última
visita de Luoise Bryant (Keaton) a Eugene O’Neill (Nicholson).
Escena de la visita de Louise Bryant a Eugene O’Neill (Reds, 1981).
Respecto a la
parte técnica, Vittorio Storaro empleó un sistema fotográfico que no era muy
usual en la época y le dio a las imágenes un tono pictórico de gran belleza, lo
que le valió un Óscar. Asimismo, la música contrapuntea la acción sin llegar a
ensombrecerla y nos presenta un tema central de gran sutileza.
No quiero dejar
de destacar un detalle llamativo por lo simple y efectivo que resulta. Cuando
haces un film de corte histórico o biográfico, ¿cómo puedes darle verismo y,
simultáneamente, reducir el número de escenas de transición? Pues sí,
incluyendo testimonios de personas que hayan conocido al personaje sobre el que
trata tu película. Esto mismo se ha hecho en Rojos, ni más ni menos que desde
el principio del film. Otro gran acierto, no solo por el detalle en sí si no
por cómo se planificaron y se integraron estos testimonios, que además
provienen de personas de diferentes ideologías políticas, lo que nos permite
vislumbrar que la realidad no tiene solamente una cara.
Warren Beatty y
Jack Nicholson en Rojos (Reds, 1981).
En resumen, Rojos
es una epopeya con matices políticos y románticos, bien interpretada, con
escenas de gran complejidad, una fotografía estupenda y un ritmo narrativo
acertado que nos permite disfrutar de su largo metraje. En IMDB (http://www.imdb.com/title/tt0082979/?ref_=fn_al_tt_1)
la valoran con un 7.5/10 tras la votación de 16569 usuarios de esta base de
datos. Sé que es larga y que a lo mejor no es muy del agrado de todos los
públicos, pero creo que merece la pena verse y que no defraudará ni siquiera a
los más exigentes.