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viernes, 31 de marzo de 2017

La Tierra Prometida (Ziemia Obiecana, 1975)


Tras la última serie de entradas sobre películas más o menos clásicas, me gustaría volver a la idea de partida de este blog comentando un film que, quizá, sea menos conocido por el gran público a pesar de poseer un estatus de cine de calidad y prestigio internacional. Hoy voy a hablar de una película que es considerada como la mejor del cine polaco y que posee muchos elementos que la hacen sumamente interesante. ¿Preparados para la búsqueda de...
 

La Tierra Prometida

 
Ficha técnico-artística:
Título original: Ziemia Obiecana.
Año de producción: 1975.
Director: Andrzej Wajda.
Producción: Tadeusz Kosarewicz.
Guión: Andrzej Wajda (basado en la novella de Wladyslaw Stanislaw Reymont).
Fotografía: Waclaw Dybowski, Edward Klosinski, Witold Sobocinski.
Montaje: Zofia Dwonik, Halina Prugar.
Música: Wojciech Kilar.
Reparto: Daniel Olbrychski, Wojciech Pszoniak, Andrzej Seweryn, Anna Nehrebecka, Franciszek Pieczka, Bozena Dykiel, Kalina Jedrusik, Andrzej Szalawski, Jadwiga Andrzejewska.
Género: Drama social / Político.
Nacionalidad: Polonia.
Duración: 139 minutos.
 
Sinopsis:
Un pueblo polaco crece en poco tiempo hasta convertirse en uno de los mayores centros textiles. Las condiciones de los trabajadores son muy inseguras y el capitalismo se muestra en su versión más cruda y despiadada. En este contexto, tres amigos (un polaco, un judío y un alemán) juntan su capital para montar una fábrica. La película muestra su búsqueda de la fortuna desprovista de cualquier escrúpulo.
 

 
Contrastes económicos y de clases sociales (Ziemia Obiecana, 1975).
 
Comentario:
El cine polaco vivió una época de gran esplendor artístico a través de los trabajos de directores como Roman Polanski o Krzysztof Kieslowski que le proporcionaron un soplo de aire fresco al cine europeo y que, más adelante, desarrollarían sus trabajos en Reino Unido, Estados Unidos y Francia, escapando del régimen político comunista imperante en su país. Sin embargo, su cine bebe en muchos sentidos del gran Andrzej Wajda, que sentó unas bases estilísticas mediante sus trabajos de los años 50 del siglo pasado como Kanal (1957) o Cenizas y Diamantes (Popiól i Diament, 1958), que fueron aclamados por crítica y público en reconocidos festivales internacionales. Si bien, después de estos éxitos, el maestro polaco pasó unos años en los que espació más sus trabajos.
A mediados de la década de los 70, Wajda volvió a la carga con el largometraje que nos ocupa hoy y que es considerado, por buena parte de la crítica, como la mejor película de la historia del cine polaco. Quizá esto sea mucho decir, pero desde el comienzo del film podemos apreciar que estamos frente a una obra magna y de gran envergadura.
La historia se basa en una de las novelas menos conocidas del premio Nóbel polaco Wladyslaw Stanislaw Reymont (https://es.wikipedia.org/wiki/W%C5%82adys%C5%82aw_Reymont), que narra el comienzo y auge del capitalismo en su país así como la deshumanización provocada por el ansia de riqueza y poder. El propio Wajda se encargó de adaptar la novela a la pantalla, a pesar de que él mismo indicaba que se trata de un libro aburrido pero que versaba sobre un tema de extraordinario interés para él... algo que se nota en el cuidado por el detalle y la planificación de los decorados.
 
Los tres amigos celebrando el poder montar una fábrica (Ziemia Obiecana, 1975).
 
De hecho, un importante punto a favor de este largometraje (y tan largo, pues en su versión original tenía una duración de 179 minutos, que se han visto reducidos a 139 en su reedición) es el empleo de localizaciones reales en Lodtz, el pueblo donde se desarrolla la historia que narra el film. En el momento del rodaje, la arquitectura de este pueblo no había cambiado mucho y se conservaba una buena cantidad de fábricas y edificios de la época recreada, que permitieron otorgar a la película una sensación de realismo que se ve acentuada por la cuidadosa puesta en escena y el esmero puesto en el vestuario de los actores y, en general, en todo el diseño de producción.
Además, el empleo de grandes angulares permite reforzar la sensación de grandeza, por llamarlo de alguna manera, y la de vacío, puesto que se dejan grandes espacios libres en los planos y se deforman las dimensiones de los mismos. Al principio puede que nos choque este hecho un tanto antinatural pero, creedme, el aspecto visual de la película es increíblemente bueno y está muy logrado, además de enganchar desde el comienzo. Si combinamos esto con un excelente dominio del movimiento de cámara (uso de grúas, zooms, travellings...) y de la posición en la que esta se coloca para distanciarnos de lo que sucede dentro del plano o acercarnos a los personajes, nos tendremos que rendir a la maestría y el control del medio fílmico que posee el genio polaco.
 
Los mismos personajes convertidos en nuevos magnates (Ziemia Obiecana, 1975).
 
Por ejemplo, en la secuencia en la que el personaje principal (excelentemente interpretado por Daniel Olbrychski) se dedica a supervisar el trabajo en la fábrica, tenemos un resumen de lo comentado hasta el momento: un travelling de seguimiento en ligero contrapicado, que nos permite apreciar la arquitectura de la fábrica mientras seguimos al personaje, en el interior se continúa el travelling pero a la altura del pecho del personaje aproximadamente, se combinan las posiciones de cámara en planos y contraplanos a lo largo del travelling, etc., esto nos permite observar las duras e infrahumanas condiciones laborales que soportan los obreros dentro de la fábrica y la deshumanización del personaje principal, así como la importancia del color en esta película. Otra breve secuencia nos permite apreciar el cuidadoso detalle de la decoración y el mimo observado en la puesta en escena, así como nos sugiere la falta de escrúpulos del personaje principal que no duda en que “el fin justifica los medios”.
 
Interesante secuencia con grandes hallazgos técnicos (Ziemia Obiecana, 1975).
 
Excelentes decorados y ambientación (Ziemia Obiecana, 1975).
 
Siguiendo con otros aspectos técnicos, la fotografía e iluminación son fantásticas y aportan profundidad a las escenas. El montaje, también excelente, crea un ritmo narrativo que no agobia ni por su rapidez ni por su lentitud, lo que es muy de agradecer en una película de semejante duración. El guión no es nada condescendiente si no que es duro, sin compasión; si bien tiende a tomar partido por las clases oprimidas (no olvidemos de que se trata de un drama social), nos las muestra también con muchos defectos por lo que no nos permite simpatizar completamente con ellos. Además, el guión nos muestra cómo el ansia de poder y de riqueza elimina, prácticamente, todo rasgo de humanidad en los personajes y, finalmente, todos ellos son negativos, a excepción de la prima del protagonista (muy bien interpretada por la bella Anna Nehrebecka).
 
En el materialismo reinante también podemos encontrar algún idealista (Ziemia Obiecana, 1975).
 
No podemos olvidar el estupendo trabajo de todos los actores y, en especial, del trío protagonista: Daniel Olbrychski, Wojciech Pszoniak y Andrzej Seweryn. Los dos primeros realizan, incluso, un guiño directo a la cámara en dos momentos puntuales del film y que, por una parte, nos distancian de lo narrado pues los actores se dirigen directamente a nosotros, los espectadores, y, por otra parte, nos hacen cómplices de su increíble interpretación (por ejemplo, a 1 hora y 50 minutos de duración, tenemos un guiño de Wojciech Pszoniak).
El film fue nominado a los Óscar como mejor película de habla no inglesa pero no consiguió hacerse con la estatuilla... y es que competía, nada más y nada menos que, con Dersu Uzala (1975) del maestro japonés Akira Kurosawa. Sin embargo, se llevó el premio a la mejor dirección en el Festival Internacional de Cine de Moscú, la Espiga de Oro en el Festival de Valladolid, y ganó cuatro premios en Festival de Cine Polaco (mejor actor para Wojciech Pszoniak, mejor diseño de producción, mejor banda sonora y mejor película).
En resumen, La Tierra Prometida (también conocida como La Tierra de la gran promesa) ofrece una visión despiadada del capitalismo y de la explotación del trabajador así como de la falta de escrúpulos en gente con ansias de riqueza y poder. Todo ello narrado de una manera excelente y con un aspecto visual muy atractivo. En IMDB (http://www.imdb.com/title/tt0072446/?ref_=nv_sr_2) la valoran con un 8.0/10 tras la votación de 2221 usuarios de esta base de datos. Afortunadamente, podemos gozar de este largometraje en su versión original a través de YouTube.
 
Película completa (Ziemia Obiecana, 1975).
 
 Calificación global: 87/100

miércoles, 1 de marzo de 2017

Alien, el Octavo Pasajero (Alien, 1979)

A día de hoy, el cine de acción y, en especial, el género de la ciencia-ficción se basa casi exclusivamente en virguerías hechas por ordenador, dando lugar a espectaculares efectos especiales que te dejan boquiabierto. Hace casi 40 años, los ordenadores no tenían la potencia actual y realizar films de ciencia-ficción se solucionaba con ingenio y profesionales que eran capaces de sacar partido a los medios disponibles en ese momento. La película de hoy es un notorio ejemplo del mejor cine de ciencia-ficción, se trata de...
 

Alien, el Octavo Pasajero

 
Ficha técnico-artística:
Título original: Alien.
Año de producción: 1979.
Director: Ridley Scott.
Producción: Gordon Carroll, David Giler, Walter Hill.
Guión: Dan O’Bannon, Ronald Shussett.
Fotografía: Derek Valint.
Montaje: Terry Rawlings.
Música: Jerry Goldsmith.
Reparto: Tom Skerrit, Sigourney Weaver, Veronica Cartwright, Harry Dean Stanton, John Hurt, Iam Holm, Yaphet Kotto.
Género: Ciencia-Ficción / Terror.
Nacionalidad: Estados Unidos.
Duración: 112 minutos.
 
Sinopsis:
Una nave espacial que transporta millones de toneladas de mineral recibe una señal de auxilio. Sus siete tripulantes deciden ver de qué se trata y aterrizan sobre un planeta desolado en el que descubren una criatura que se introduce en su nave y les ataca.
Trailer de la película (Alien, 1979).
 
Comentario:
La película a la que nos aproximamos hoy está considerada como uno de los mejores títulos de ciencia-ficción de todos los tiempos. Su valor artístico es incuestionable, a pesar de sus graves errores de guión (hay que asumir demasiados aspectos de difícil credibilidad) y su originalidad un tanto limitada (parte de su argumento se encuentra en otros films anteriores). De hecho, Alien toma elementos de numerosas fuentes: mitología, novela, cine de terror, etc. Además de poseer un marcado carácter metafórico y un contenido sexual inherente (lo que le valió bastantes críticas). Todo ello, junto a su impresionante diseño de producción (al que aludiremos más adelante), hace que su visionado sea una grata experiencia; a continuación, trataremos de desentrañar algunos aspectos.
En primer lugar, la idea de esta película surgió como respuesta a la imposibilidad de rodar la novela “Dune”, un sueño acariciado por el guionista Dan O’Bannon y que no pudo verse llevado a cabo a causa del elevado coste que conllevaría esa producción a principios de los años 70; si bien, le permitió codearse con algunos de los autores más destacados del momento en lo que a ciencia-ficción se refiere. De ahí que se barajasen alternativas de menor presupuesto y que propiciaron que O’Bannon desempolvase un guión original suyo inacabado que terminaría por convertirse en el de Alien tras una serie de cambios en la ambientación de la trama.
 
La nave espacial Nostromo produce claustrofobia (Alien, 1979).
 
Una vez esbozado el guión, Walter Hill se interesó por el mismo y participó en pulir algunos aspectos. Incluso se propuso rodarlo una vez finalizado, pero los retrasos acumulados hicieron que, cuando se podía iniciar el rodaje, Hill se encontraba inmerso en la realización de The Warriors: Los Amos de la Noche (The Warriors, 1979; http://www.imdb.com/title/tt0080120/?ref_=nv_sr_1), otra interesante película que le impidió dedicarse a Alien. Debido a esto, los productores y guionistas de Alien decidieron cederle el rodaje del mismo a Ridley Scott quien, por una parte era considerado un director de “qualité”, tras el éxito de crítica y los premios en festivales internacionales que recibió por su adaptación de la novela de Joseph Conrad, Los Duelistas (The Duellists, 1977; http://www.imdb.com/title/tt0075968/?ref_=nv_sr_1); por otra parte, Scott no se quería encasillar en ningún género y vio una gran oportunidad en Alien.
 
 
Una de las formas del alienígena, en este caso “face hugger” (Alien, 1979).
 
Así, se comenzaron a formar los mimbres de una película en la que muchas mentes creativas han intervenido, entre guionistas, productores y director, como ya hemos visto y los responsables del diseño de producción y efectos especiales (a cargo de Carlo Rambaldi y H.R. Giger), sobre todo los referidos a los escenarios de la fortaleza en la que encuentran el “nido” de Aliens y el diseño del propio monstruo. De hecho, estos decorados son impresionantes, originales no tanto en su concepción como en los materiales empleados (huesos y restos orgánicos, trozos de tuberías y de plásticos) y cuidados con esmero. Si bien, en este aspecto, lo que realmente llama la atención son las diversas formas que toma el alienígena.
 
Excelente diseño de decorados (Alien, 1979).

El “nido” de aliens, ¡vaya descubrimiento! (Alien, 1979).
 
Una de los pocos primeros planos de la forma final del alienígena (Alien, 1979).
 
La atmósfera claustrofóbica y un tanto onírica (o, más bien, de pesadilla) que se crea en este film merece ser destacada, al igual que su inventiva visual y cualidades estéticas. Dentro de este punto, es necesario apuntar que un gran acierto del film es no recaer en la parte “gore” si no que sugiere más de lo que se muestra en pantalla. Para ello, la labor de Scott fue determinante mediante el empleo de la elipsis, los efectos de sonido (no tanto la música) y aprovechando al máximo los efectos especiales (merecedores de un premio Óscar) de los que dispone, gracias a su excelente dominio del pulso narrativo.
 
Quizá la secuencia más "gore" de la película es la aparición del "chest buster" (Alien, 1979).
 
Un factor a tener en cuenta es la contraposición luz frente a oscuridad en los distintos ambientes donde se desarrolla la acción para delimitar aquellos lugares donde domina la razón de los otros donde el miedo es predominante. A este respecto, el montaje y la planificación de los encuadres fueron providenciales para lograr este efecto.
 
La muerte de Dallas, el capitán de la nave (Alien, 1979).
 
En cuanto a la interpretación del septeto protagonista, no hay mucho que objetar, si bien no es lo más destacado del largometraje pues, a veces, da la impresión de que algunos de los actores se limitan a pasar por ahí. Quizá podamos añadir que este film le valió la fama a Sigourney Weaver por su interpretación de la teniente Ripley.
 
La tripulación de la nave Nostromo al completo (Alien, 1979).
 
En resumen, Alien es una excelente película de ciencia-ficción que combina elementos de varios géneros y cuenta con una cuidada gradación del suspense. En IMDB (http://www.imdb.com/title/tt0078748/?ref_=fn_al_tt_1) la valoran con un 8.5/10 tras la votación de la friolera de 595235 usuarios de esta base de datos. Además, se encuentra entre las 250 películas mejor puntuadas, ocupando el puesto 51; lo que prueba su gran popularidad… que se vio reflejada en las secuelas que se produjeron con posterioridad.
 
Calificación global: 90/100

domingo, 12 de febrero de 2017

Los Inconquistables (Unconquered, 1947)

Una de mis debilidades se puede afirmar que son las películas del oeste o “western”. Hoy vamos a comentar una que no entra exactamente dentro de esa categoría pero que guarda mucha relación con ellas. A su director siempre se le ha acusado de tergiversar la historia y de emplear excesivamente el “cartón piedra”. Muchas de estas críticas se deben a sus ideas políticas reaccionarias pero, si tan solo nos fijamos en su cine, podremos observar que Cecil B. DeMille domina el medio como pocos y, si bien es cierto que antepone el espectáculo a la veracidad de los hechos, no lo es menos que esto, para otros directores, nunca ha sido motivo de crítica. La película de hoy es considerada por muchos como una de sus mejores obras, se trata de...
 

Los Inconquistables

 
Ficha técnico-artística:
Título original: Unconquered.
Año de producción: 1947.
Director: Cecil B. DeMille.
Producción: Cecil B. DeMille.
Guión: Charles Bennett, Fredric M. Frank, Jess Lasky Jr. (basado en la novela de Neil H. Swanson).
Fotografía: Ray Rennahay.
Montaje: Anne Bancher.
Música: Victor Young.
Reparto: Gary Cooper, Paulette Goddard, Howard Da Silva, Boris Karloff, Cecil Kellaway, Ward Bond, Virginia Campbell, Hery Wilcoxon.
Género: Aventuras / Western / Histórica.
Nacionalidad: Estados Unidos.
Duración: 142 minutos.
 
Sinopsis:
Ambientada en 1763, en el marco de las revueltas indicas en los días de la colonización norteamericana, una joven inglesa es convertida en esclava y deportada a las colonias, pero es salvada por el capitán Holden. Cuando éste se ausenta, un comerciante la esclaviza de nuevo. A partir de aquí se suceden las aventuras de este singular trío amoroso.
 
Película completa (Unconquered, 1947).
 
Comentario:
El propio DeMille confesó que seguía una fórmula para sus films históricos: “contar una apasionante peripecia personal sobre el telón de fondo de grandes sucesos históricos. La intriga confiere a estos sucesos un sentido más vivo que el que pueden encontrar los espectadores en los manuales de Historia” (“Présénce du cinema”, nº 24-25, otoño 1967). Esta afirmación se corresponde perfectamente con lo que podemos ver en Los Inconquistables.
 
Gary Cooper y Paulette Goddard, atractiva pareja protagonista (Unconquered, 1947).
 
 
Este largometraje se gestó a partir del interés creciente de DeMille por retratar el nacimiento de Estados Unidos como nación. Si bien se tiende a asociar a este realizador con el “cartón piedra” y un deliberado falseamiento histórico (al igual que al cine norteamericano, en general), esta idea no es totalmente exacta. De hecho, el título que nos ocupa hoy prueba, prácticamente, todo lo contrario. Para realizar Los Inconquistables se llevó a cabo una concienzuda labor de casi un par de años de preproducción, consistente en profundas investigaciones sobre el modo de vida y costumbres de la época que se retrata en la película, utensilios y vestimentas utilizados por los indios del noreste de América, estudio de crónicas escritas en la época, consultas en museos y asesoramiento por especialistas… aunque esto no evita que el autor se tomase unas cuantas licencias en pro de la efectividad cinematográfica (por ejemplo, le persecución a caballo es completamente imposible ya que los indios de esa zona no empleaban equinos; una de las tribus indias que se menciona en el largometraje no participó en las revueltas que ponen trasfondo a la historia narrada…). Por el contrario, el vestuario y el lenguaje indio fueron elementos mimados con esmero (incluso Karloff tuvo que aprender a pronunciar el dialecto indio).
 
Gary Cooper como el capitán Chris Holden (Unconquered, 1947).

Boris Karloff como el jefe indio Guyasuta (Unconquered, 1947).
 
De todos modos, si las adaptaciones cinematográficas de novelas, obras de teatro o musicales no tienen que seguir al pie de la letra a sus respectivos originales, ¿por qué razón debe tratarse la Historia de manera diferente? De hecho, muchas veces la Historia es confusa e interpretable, además de variable según las fuentes que se consulten. Con esto pretendo decir que, al fin y al cabo, estamos ante un largometraje y no ante una lección de Historia. Por si fuera poco, este largometraje se basa en una novela que, a su vez, tomaba como punto de partida un documento histórico cuyo contenido se puede leer en Wikipedia (https://es.wikipedia.org/wiki/Los_inconquistables).
 
 
Fotograma de la escena del juicio (Unconquered, 1947).
 
Los Inconquistables fue el último “western” que rodó DeMille y resume las aportaciones de este autor al género. Por ejemplo, la meticulosa puesta en escena, con muchos elementos, lo que otorga densidad y demuestra el estilo y talento artístico de DeMille. Sin embargo, se observa cierta tendencia a recargar excesivamente los encuadres. Otro aspecto a destacar es el interesante uso del color y de los objetos, que hacen avanzar la acción en algunas secuencias.
 
Cecil B. DeMille supervisando material.
 
Los personajes presentan contradicciones, lo que los hace más creíbles y permite que sus actos sean los que sustenten el relato. En este sentido, la atractiva pareja protagonista (Gary Cooper y Paulette Goddard) hace una buena labor interpretativa, contrapunteada por la presencia de Howard Da Silva como el personaje negativo. Sin embargo, se puede decir que son los actores secundarios los que verdaderamente dan vida a la película.
Quizá no estemos de acuerdo con los fundamentos ideológicos planteados en esta película (falseamiento de hechos e ideales que determinaron la expansión americana hacia el Oeste, con fiebre depredadora) pero la película no engaña a nadie y destaca por su enorme fuerza plástica. Una de las secuencias más espectaculares es el asedio a Fort Pitt y la posterior batalla, que costó meses de preparación y cientos de miles de dólares. En el vídeo podréis ver como destaca el decorado de la fortaleza, construido con detalle, el elevado número de figurantes que participan (representando todo tipo de personajes: indios, milicianos, tramperos, esclavos…), el “travelling” lateral, etc.
 
El asedio a Fort Pitt (Unconquered, 1947).
 
En resumen, Los Inconquistables es una entretenida película con una atractiva pareja protagonista y un regusto al Hollywood clásico, dejando de lado algunas inconsistencias históricas y algunos ideales desfasados, se trata de un trabajo bien llevado de principio a fin. En IMDB (http://www.imdb.com/title/tt0039931/?ref_=nv_sr_1) la valoran con un 7.2/10 tras la votación de tan solo 14111 usuarios de esta base de datos.
 
Calificación global: 79/100

domingo, 5 de febrero de 2017

La Dolce Vita (La Dolce Vita, 1960)


Ya sé que, hasta ahora, apenas he hablado de películas de habla no inglesa, así que es momento de cambiar de rumbo y prestar atención a una obra cumbre del séptimo arte que nos llegó de la “vecchia” Italia pero que traía un aire fresco al cine de los 60 y que, desgraciadamente, no se estrenó en España hasta los 80 (cosas de la censura). Sin embargo, se trata de un título clave en la carrera de su director y de gran importancia histórica y social. Hoy vamos a tratar de descubrir si realmente merece la pena vivir...
 

La Dolce Vita

 
Ficha técnico-artística:
Título original: La Dolce Vita.
Año de producción: 1960.
Director: Federico Fellini.
Producción: Giuseppe Amato, Angelo Rizzoli, Franco Magli.
Guión: Federico Fellini, Ennio Flaiano, Tullio Pinelli.
Fotografía: Otello Martelli.
Montaje: Leo Cattozzo.
Música: Nino Rota.
Reparto: Marcello Mastroianni, Anita Ekberg, Anouk Aimée, Lex Barker, Alain Cuny, Yvonne Furneaux, Nadia Gray, Magali Noël, Jacques Sernas.
Género: Drama.
Nacionalidad: Italia / Francia.
Duración: 167 minutos.
 
Sinopsis:
Roma en los años del “boom” económico después de la posguerra. Un periodista lleva una vida vertiginosa entre primicias, escándalos y fiestas de la “jet set” artística, intelectual y social de Roma. Sabe mantener su cínica reserva hasta que, demasiado tarde, descubre que está alienado de sí mismo y de la “vida auténtica”.
 
Trailer de la película (La Dolce Vita, 1960).


Comentario:
La Dolce Vita marcó un punto de inflexión en la carrera de Fellini como director ya que supone la transición desde un estilo con un alto contenido neorrealista a otro más personal y con gran preocupación por la estética, tanto en la composición de los planos como en la organización del texto fílmico.
Este hecho ya lo apreciamos en la estructura de La Dolce Vita, que no posee la típica organización argumental de una película de estilo narrativo, a pesar de conservar una estructura lineal en cuanto al tiempo y el espacio fílmicos. En ella seguimos al personaje de Marcello (¿alter ego del director?), un periodista del corazón, en su búsqueda de noticias durante un período de tiempo indeterminado y, ante nosotros, va apareciendo una galería de personajes que nos muestra su vacío existencial, sus miedos, su ignorancia ante la vida real, su frivolidad, etc.
 
Fellini dirigiendo a Anita Ekberg en la Fontana di Trevi (La Dolce Vita, 1960).
 
 
Antes de continuar, me gustaría señalar un par de curiosidades que marcan la importancia social del film. Por una parte, el fotógrafo que acompaña a Marcello en su búsqueda de noticias y que acosa a todo el mundo se apellida Paparazzo, de ahí viene que a los fotógrafos insistentes, normalmente asociados a la “prensa del corazón”, se les denomine paparazzi. Por otra parte, el título de la película, “La Dolce Vita”, se ha hecho proverbial para evocar “glamour”, fiesta y frivolidad… la buena vida.
 
 
Los paparazzi (La Dolce Vita, 1960).
 
Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. Fellini retrata un conjunto de personajes sin valores morales, envidiosos, dependientes, que han perdido gran parte del sentido de su existencia, y que muestran una gran ignorancia frente a asuntos de lo más cotidiano. De hecho, llega un momento en el que no se preocupan ni de las apariencias. Otra curiosidad es que la aristocracia italiana había permitido el empleo de sus castillos y palacios para el rodaje de varias secuencias (en las que incluso llegan a participar) pero, al ver el resultado del film y la imagen que en él se da de ellos, decidieron emplear sus recursos en prohibir la exhibición del largometraje... cosa que consiguieron en algunos países, con la ayuda del clero, ¡cómo no!
 
 
La crítica a los “mass media” y a las tradiciones está muy presente en el film (La Dolce Vita, 1960).
 
Entrando en detalles más técnicos, lo primero que quiero destacar es la impresionante fotografía en blanco y negro a cargo de Otello Martelli, que ensalzó la belleza de la urbe romana y permitió a Fellini jugar mucho con el contraste entre los opuestos (blanco frente a negro, alta frente a baja sociedad, valores tradicionales frente a nuevos “valores” inculcados por los medios). Ello le permitió reflexionar sobre muchos temas a lo largo del film: la familia, la lealtad, la fidelidad, la religión, la manipulación, el desprecio, etc. Todo ello subrayado por la excelente banda sonora de Nino Rota, que se ajusta a la perfección a las sensaciones que desprende cada una de las secuencias, pasando de alegre a triste o melancólica según las necesidades de la narración. Otros aspectos técnicos a destacar son el diseño de producción y la iluminación, que acentúan los contrastes a los que antes nos referíamos. Todo ello hábilmente engarzado por Fellini.
 
 
Marcello Mastroianni deja una de sus mejores interpretaciones (La Dolce Vita, 1960).
 
A modo de ejemplo sobre estos contrastes, tenemos a las dos actrices protagonistas, Anouk Aimée, con su belleza fría y distante sensualidad, frente a la explosiva Anita Ekberg (a la que siempre recordaremos por su baño en la Fontana di Trevi). El resto del reparto está estupendo en sus roles, Ivonne Furneaux como la novia posesiva y despechada de Marcello, Lex Barker como el novio alcohólico de la estrella Anita Ekberg. En este sentido, la labor de casting ha tenido una buena parte del éxito de reunir a este grupo de actores y actrices; si bien, por encima de todos, Marcello Mastrioianni, que da un auténtico recital sin necesidad de exagerar un solo gesto y mostrando un amplio registro interpretativo, un actorazo.
 
 
La fría sensualidad de Anouk Aimée (La Dolce Vita, 1960).
 
La famosa secuencia del baño en la Fontana di Trevi (La Dolce Vita, 1960).
Para destacar lo que he dicho hasta el momento, voy a tratar de comentar un par de secuencias que me parecen especialmente interesantes y que, por fortuna, podemos disfrutar a través de YouTube. La primera de ellas se desarrolla en una fiesta que se celebra en un palacio de la aristocracia romana; en un momento, Maddalena (Ainouk Aimée) se lleva aparte a Marcello para hablarle a solas... lo que parece que va a ser una escena romántica da paso a un ejercicio de estilo en el que, a través de las imágenes, vemos una contraposición con lo que están diciendo los personajes. La secuencia comienza con un plano largo en una sala donde el único mobiliario es una silla (¿el vacío de la existencia en la clase aristócrata?), en esa sala se queda Marcello y, mientras, Ainouk se escapa para hablarle a través de un conducto que comunica una fuente en otra estancia del palacio con la sala en donde se encuentra Marcello. De esta manera, ella se le declara, sin dar la cara; ¿por qué? Tal vez porque no está siendo sincera, por miedo al compromiso (algo que parece que poseen ambos). Fellini es capaz de mostrar un excelente control de la profundidad de campo, las simetrías, el espacio “on” y “off”, es decir lo que está dentro y fuera del plano. Todo ello como simbolismo de la hipocresía y del vacío interior de los personajes.
 
 
Curiosa declaración de amor (La Dolce Vita, 1960).
 
La segunda secuencia que quiero comentar se refiere al final de la película en la que se completa la alienación del personaje de Marcello y que el maestro Fellini muestra mediante la contraposición de este personaje con el de la joven camarera que le indica que vuelva con ella pero él no la escucha, no la entiende a pesar de que la gesticulación es bien clara (¿problemas de comunicación entre clases? ¿No quiere comprender?). Se ve que, cuando pruebas la Dolce Vita, ya no deseas otra vida. El juego de contrastes es magnífico, ella va de negro, él de blanco; ella sonríe, el parece melancólico…
 
 
Secuencia final (La Dolce Vita, 1960).
 
En resumen, La Dolce Vita es una película de gran belleza en todos sus planos, a pesar de narrar una historia triste y mostrar sin ambages la hipocresía y el vacío de la sociedad que retrata. En IMDB (http://www.imdb.com/title/tt0053779/?ref_=fn_al_tt_1) la valoran con un 8.1/10 tras la votación de 50871 usuarios de esta base de datos. Puede que el ritmo no nos convenza o que la encontremos un poco larga y manierista pero tiene tantos méritos que es, por derecho propio, un clásico de la Historia del Cine.
 
Calificación global: 95/100

domingo, 22 de enero de 2017

Lawrence de Arabia (Lawrence of Arabia, 1962)

Actualmente las secuencias espectaculares en las que participan numerosos extras tienden a solucionarse mediante ordenador con lo que se abaratan costes y se reducen riesgos, pero en los años 60 esa tecnología no estaba disponible y había que recurrir a contratar a grupos numerosos de personas para acometer estas empresas, lo que suponía una gran labor de coordinación y logística, con unos costes (tanto económicos como en tiempo de rodaje) muy importantes. Sin embargo, hay films donde estas inconveniencias merecen la pena por el resultado final, como el largometraje que nos va a ocupar hoy (así como algún otro sobre el que tratamos con anterioridad). Se hace difícil hablar de un clásico y de un excelente director, pero hoy vamos a tratar de desentrañar brevemente la epopeya de...
 

Lawrence de Arabia

 
Ficha técnico-artística:
Título original: Lawrence of Arabia.
Año de producción: 1962.
Director: David Lean.
Producción: Sam Spiegel, David Lean. 
Guión: Robert Bolt, Michael Wilson, basado en los escritos de T.E. Lawrence.
Fotografía: Freddie Young.
Montaje: Anne V. Coates.
Música: Maurice Jarre.
Reparto: Peter O’Toole, Alec Guinness, Anthony Quinn, Jack Hawkins, Omar Sharif, José Ferrer, Anthony Quayle, Claude Rains, Arthur Kennedy.
Género: Aventuras / Bélica / Biografía / Drama / Histórica.
Nacionalidad: Reino Unido / Estados Unidos.
Duración: 219 minutos.
 
Sinopsis:
Se narra la historia de T.E. Lawrence, oficial británico que unificó y lideró a las diversas tribus árabes (a menudo en guerras entre si) durante la I Guerra Mundial para combatir a los turcos. Debido a sus conocimientos sobre las tribus beduinas, el teniente británico T.E. Lawrence es enviado a Arabia para encontrar al príncipe Faisal y servir de enlace entre los árabes y los británicos en su guerra contra los turcos. Con la ayuda del nativo Sherif Ali, Lawrence se rebela contra las órdenes de sus superiores y comienza un osado viaje a camello a través del desierto para atacar un puerto turco celosamente custodiado.
 
Trailer de la película (Lawrence of Arabia, 1962).
Comentario:
Se me hace difícil comentar una película como Lawrence de Arabia por el simple hecho de que ya hay kilómetros de papel y muchos bytes dedicados a ella, por lo que contar algo nuevo es prácticamente imposible. Aún así, lo voy a intentar aunque, probablemente, no aporte nada nuevo además de mi opinión personal sobre esta obra que muchos sitúan entre las mejores películas de todos los tiempos... lo que tiene una razón de ser, claro está.
De hecho, numerosos factores se juntaron para dar forma de película a esta historia y, muchos de ellos, prometían lo mejor desde el primer momento. Por ejemplo, el dúo productor-director, Spiegel y Lean, estaba acostumbrado a producciones de este calado como lo demuestra su anterior colaboración: El Puente sobre el Río Kwai (The Bridge on the River Kwai, 1958) que habían estrenado cuatro años antes. Sin ir más lejos, el público demandaba un nuevo largometraje del aclamado director británico, que supo ofrecer una nueva epopeya fílmica de grandiosas proporciones. Para ello contó con la ayuda de un productor como Spiegel, con quien ya había trabajado, y que confiaba plenamente en la capacidad y habilidad de Lean para afrontar el reto de llevar a la pantalla la historia de T.E. Lawrence, más conocido como Lawrence de Arabia.
 
Excelentes encuadres (Lawrence of Arabia, 1962).
 
Entrando más en detalle en el análisis del film, lo primero que llama la atención es la espectacularidad de la planificación y la puesta en escena, que se ve acentuada por una soberbia fotografía que realza, de manera muy lograda, la belleza de las localizaciones y sus coloridos. En este sentido, la labor del responsable de este aspecto técnico, Freddie Young, es más que encomiable (y más teniendo en cuenta a las temperaturas a las que se llegó a trabajar); como también lo es el hecho de que gran parte de las secuencias de exteriores se rodaron en los mismos lugares en los que sucedieron realmente, el desierto de Jordania, aunque se permitieron la libertad de rodar algunas secuencias en el sur de España (el ataque a Aqaba se rodó en una bahía almeriense y las secuencias en el cuartel británico fueron rodadas en Sevilla). Conviene aclarar que el gobierno jordano y sus habitantes facilitaron en gran medida la labor del equipo de producción. Con todo, no es de extrañar que se necesitaran muchos meses para rodar esta historia.
 
El paisaje es un elemento muy importante en el film (Lawrence of Arabia, 1962).
 
Llegados a este punto, parece lógico que el largometraje tenga una duración cercana a las cuatro horas, ¿verdad? A pesar de ello, el montaje contribuye a que el ritmo narrativo no decaiga en muchos momentos en los que la acción se ralentiza... y es que esto no es Indiana Jones pero estoy seguro de que Spielberg tomó buena nota de los hallazgos de Lean en esta película para crear a su conocido arqueólogo. Volviendo al pulso narrativo de Lawrence de Arabia (disculpad pero tiendo a divagar...), la película tiene algunos altibajos pero es algo normal en cintas de esta duración.
 
Introducción del personaje de Omar Sharif en Lawrence de Arabia (Lawrence of Arabia, 1962).
Siguiendo con el montaje, a modo de ejemplo, cuando se le asigna la misión al personaje de Lawrence, hacia el inicio del film, se produce un excelente corte con cambio de plano cuando el personaje principal apaga una cerilla e, inmediatamente, pasamos a ver un amanecer en el desierto; el único adjetivo que se me ocurre es “majestuoso”. De hecho, es una yuxtaposición de imágenes de gran belleza y que se presta a múltiples interpretaciones ya que sugiere un gran número de cosas, por ejemplo, el final de una etapa y el comienzo de otra dentro de la epopeya vital de Lawrence. En la pantalla de un ordenador pierde mucho, pero lo podéis disfrutar en este vídeo. Como curiosidad, deciros que este estilo de montaje de corte directo (no muy habitual en el cine de Hollywood de la época) se lo sugirió la montadora, Anne V. Coates, al propio Lean tras visionar varios largometrajes de la Nouvelle Vague francesa.
 
Inicio de la misión (Lawrence of Arabia, 1962).
 
En cuanto a la dirección, es una gozada, David Lean es un maestro: domina las escenas intimistas y dramáticas, las de batalla, el encuadre, se aprovecha del paisaje para emplearlo como un personaje más, resalta los colores (juega con los opuestos)… todo muy hábilmente hilvanado.
 
Ataque a Aquaba (Lawrence of Arabia, 1962).
 
Otro gran acierto es el casting, a pesar de que vemos al gran actor británico Alec Guinness como un príncipe árabe, lo que le resta credibilidad al film aunque Sir Guinness borda su personaje. Los, por aquel entonces, desconocidos Peter O’Toole y Omar Sharif alcanzaron el estrellato mundial con su participación en esta película y es que, el actor irlandés tenía fama teatral pero no había protagonizado ningún largometraje hasta Lawrence de Arabia y sabe dotar de profundidad a un personaje complejo y que demanda mucho tanto a nivel físico como psicológico. Por otra parte, el actor egipcio, Sharif, era una estrella en Oriente Medio pero un desconocido para el público occidental hasta su participación en Lawrence de Arabia y en la que ya muestra la fuerza expresiva de su mirada y un buen control del lenguaje corporal. Junto a estos tres actores, destaca la presencia de la “requerida” estrella norteamericana, en este caso Anthony Quinn, quien interpreta a Auda Abu Tayi, un líder de una gran banda de forajidos beduinos. Su aproximación al personaje es, a la vez, amenazante y explosiva; gran interpretación por parte del actor mexicano. Ni que decir tiene que la presencia de dos actorazos británicos de la talla de Jack Hawkins (como el general Allenby) y Claude Rains (como el diplomático Dryden) refuerza un excelente reparto y, de hecho, Rains se apropia de todas las escenas en las que aparece sin necesidad de realizar ningún alarde singular. Completan el extraordinario reparto principal Anthony Quayle y José Ferrer. Como curiosidades, el papel principal fue ofrecido a Marlon Brando quien no aceptó y, curiosamente (ya que es bastante gracioso) el equipo de producción no quería que un árabe interpretase el papel que finalmente sería para Sharif y se propuso al alemán Horst Buchholz, lo que no deja de ser un poco estrambótico.
 
 
Peter O’Toole, Anthony Quinn y Omar Sharif en Lawrence de Arabia (Lawrence of Arabia, 1962).
Jack Hawkins como el general Allenby (Lawrence of Arabia, 1962).

Alec Guinnes y David Lean preparándose para el rodaje (Lawrence of Arabia, 1962).
Claude Rains como Dryden (Lawrence of Arabia, 1962).

José Ferrer caracterizado como oficial turco (Lawrence of Arabia, 1962).

Alec Guinness y Arthur Kennedy en Lawrence de Arabia (Lawrence of Arabia, 1962).
 
O'Toole y Sharif (Lawrence of Arabia, 1962).
 
Ya hemos hablado de la fotografía espectacular, de las excelentes interpretaciones, de la dirección milimetrada, nos falta decir que la música de Maurice Jarre es muy sugerente, con muchas reminiscencias árabes y encaja a la perfección con las imágenes del desierto. Otro gran acierto.
Bueno, estaréis pensando, algún fallo tendrá que tener (además de la elección de Guinness como el príncipe Faisal, no porque el actor lo haga mal, que no es así, si no porque uno no acaba de ver al personaje si no al actor) y, efectivamente, lo hay… el guión de Robert Bolt, basado en el libro Los Siete Pilares de la Sabiduría (The Seven Pillars of Wisdom) del propio T.E. Lawrence, es lento y ofrece una visión muy reducida de la vida interna del aventurero. Además, contiene varios fallos históricos (https://www.youtube.com/watch?v=R9scZDbKxtY), si bien ya se sabe que en Hollywood predomina el espectáculo sobre la veracidad histórica. Por el contrario, en su favor debemos decir que el guión no toma partido por la figura de Lawrence, tal y como suele suceder en los biopics.
 
Peter O'Toole como un abatido y cansado Lawrence (Lawrence of Arabia, 1962).
 
En total, esta película fue premiada con 7 Óscar: mejor película, mejor director, mejor fotografía, mejor montaje, mejor dirección artística, mejor sonido y mejor banda sonora. Además, ganó varios premios BAFTA, globos de oro, entre otros reconocimientos.
 
Bellísima labor de cámara (Lawrence of Arabia, 1962).
 
Aunque el film dura casi 4 horas, no aburre en ningún momento, gracias a la formidable interpretación y a la bellísima labor de la cámara. En resumen, Lawrence de Arabia, a pesar de su duración, es una película entretenida, de una factura formal de primera categoría, con buenas interpretaciones, un rodaje en exteriores de gran belleza, una música evocadora... como ya he dicho, es difícil encontrarle defectos. En IMDB (http://www.imdb.com/title/tt0080749/?ref_=fn_al_tt_2) la valoran con un 8.3/10 tras la votación de 200719 usuarios de esta base de datos (lo que la sitúa entre las 250 mejor valoradas, concretamente en el puesto 82). Para muchos es la mejor producción de su director, y no les falta razón, pero un realizador capaz de dejarnos trabajos como Breve Encuentro (Brief Encounter, 1948), El Puente sobre el Río Kwai (The Bridge on the River Kwai, 1958) o Doctor Zhivago (1965), entre otros, tiene títulos para todos los gustos. A mí, personalmente, me gusta más la poética e intimista Breve Encuentro, pero está claro que Lawrence de Arabia es, por derecho propio, uno de los grandes títulos de la Historia del Cine.
 
Calificación global: 95/100